2. Únete a un club: Hay un gran número de centros de natación en aguas abiertas por todo el país que ofrecen apoyo, orientación y una fantástica experiencia social. En lugar de hacerlo por tu cuenta, busca el grupo de natación en aguas abiertas más cercano y únete a la diversión.
3. ¿Usarlo o no usarlo?: Los veteranos de la natación en aguas abiertas a veces pueden mostrarse un poco desdeñosos con el traje de neopreno. Sin embargo, si eres principiante, la flotabilidad adicional y el menor impacto del frío suelen facilitar tu iniciación en aguas abiertas, convirtiéndola en una experiencia más agradable que te animará a seguir adelante. Siempre podrás dejar de usar el traje cuando hayas conquistado las aguas abiertas.
4. Aclimatarse: Uno de los aspectos clave del agua abierta es la temperatura. En el agua fría solemos experimentar una «respuesta de choque térmico» que, entre otras cosas, provoca hiperventilación. Sin embargo, esto puede suponer un verdadero problema; la respuesta se reducirá significativamente tras unas cinco exposiciones al agua fría. Mientras tanto, asegúrate de salpicarte la cara antes de meterte en el agua; esto te ayudará a atenuar la respuesta (¡yo sigo haciéndolo!).
5. Tómatelo con calma: Roma no se construyó en un día y no puedes esperar convertirte en un experto nadador en aguas abiertas en una sola sesión. Empieza simplemente por acostumbrarte a estar en aguas abiertas antes de ir aumentando poco a poco la distancia y la intensidad.
6. Cambios en el entorno: La natación en aguas abiertas ofrece una gran variedad de opciones, y tener en cuenta los diferentes entornos es fundamental para tu seguridad y disfrute. Los lagos suelen ser el mejor lugar para iniciarte en la natación en aguas abiertas, ya que las condiciones del agua suelen ser bastante constantes. Me encanta el río, pero hay que tener en cuenta la corriente; ¡puede que tardes mucho más en volver a casa si te dejas llevar por la corriente! El mar puede ser el más impredecible, ya que las corrientes y las olas cambian el entorno rápidamente. Conoce tu entorno antes de lanzarte al agua.
7. Ponte lubricante: sillevas un traje de neopreno y/o nadas en el mar, es probable que sufras rozaduras, sobre todo en las axilas, el cuello y entre las piernas. Asegúrate de usar grasa o alguno de los muchos lubricantes para natación disponibles en el mercado antes de nadar. Además de resultar incómodas, las rozaduras pueden convertirse fácilmente en heridas abiertas e infectarse; ¡más vale prevenir que curar!
8. Seguimiento del progreso: A diferencia de la piscina, aquí no hay vueltas, ni relojes en la pared, y resulta muy difícil calcular a qué velocidad estás nadando. Invertir en tecnología wearable es una forma fantástica de obtener la información que necesitas mientras nadas y de hacer un seguimiento de tu progreso a lo largo del tiempo.
9. Cuida tu salud: los microorganismos presentes en el agua suponen un mayor problema en aguas abiertas que en la piscina. Asegúrate de ducharte después de nadar. Si llevas lentes de contacto, quítatelas y límpialas o deshazte de ellas. El uso de tapones para los oídos puede ayudar a evitar infecciones de oído y mejorar tu experiencia. Si contraes una infección (por ejemplo, de estómago, de oído o de piel), toma las medidas adecuadas y busca asesoramiento especializado si es necesario.
10. NUNCA nades solo: ¡Probablemente esto debería ser el número 1 de la lista! Independientemente de lo buen nadador que seas o de lo seguro que te parezca, nunca debes nadar en aguas abiertas solo. No hace falta que haya alguien contigo en el agua, basta con que haya alguien cerca, en la orilla o en la playa, para asegurarse de que estás a salvo. Yo nunca nado solo.